27.8.09

DECÁLOGO DE LA CREATIVIDAD

“Nada de mandamientos ni imperativos.
Quizás, algunas sugerencias para pensar creativamente”

Su Augustísima
  1. Relajarse.
  2. Ser perseverantes. La creatividad suele tener un 10 % de inspiración y un 90 de transpiración.
  3. No “embotarse”. Distraerse.
  4. Ser flexibles. No obsesionarse. En relación con la sugerencia anterior, se trata de no insistir por un camino cuando este demuestra tornarse intransitable o presenta demasiados obstáculos. Tomar atajos. Buscar soluciones alternativas. Suspender momentáneamente la tarea y tomarse el tiempo para buscar otras formas posibles de seguir adelante aunque implique volver unos pasos atrás. Nunca pensar que se perdió el tiempo ni mucho menos asumirlo prematuramente como un fracaso. El evitar insistir cuando estamos empantanados suele impedir que nos enterremos más y evitarnos la sensación de frustración. La reformulación de las estrategias, implementación de nuevos recursos e incluso, la reformulación del proyecto debe considerarse como una nueva oportunidad para seguir ejercitando nuestra capacidad creativa.
  5. Tolerancia a la frustración frente a las crisis. Remitirnos a la etimología del término como oportunidad de cambio. No autosabotearse. Esta sugerencia está en estrecha relación con las dos anteriores: no dejarse abatir por pensamientos pesimistas ni convertirnos en pájaros de mal agüero de nuestros propios proyectos. Cuidado con las profecías autorrealizadas.
  6. Desarrollar el sentido de la resiliencia. Tampoco se trata de negar la realidad o no ser capaces de asumir equivocaciones. El proceso creativo, de igual modo que cualquier proceso de aprendizaje, implica como parte intrínseca del mismo la autoevaluación constante. Una identificación lúcida de los errores tiene que representar una oportunidad para el aprendizaje. Resiliencia significa sacar lo positivo de lo negativo. Resignificar la experiencia de modo tal que redunde en beneficios futuros.
  7. Ser asertivos. Lo cual implica ante todo reconocer los logros ante nosotros mismos. Recordar que la falsa modestia es la peor de las soberbias. Seguramente no todo el mérito es nuestro pero alguno seguro tenemos... El estar convencidos de ello, el ser capaces de ameritarnos, hará que podamos hacerlo con mayor seguridad y eficacia ante los demás.
  8. Tener una visión prospectiva en función del objetivo final de nuestro proyecto, de nuestras metas “últimas” -que siempre es preferible considerarlas como intermedias si es que pensamos seguir vivos...- sin dejar de prestar atención al presente que es lo único que tenemos y que nos da la oportunidad de ir gozando paso a paso de nuestro camino. Se trata de disfrutar del proceso, los logros parciales, los pequeños o grandes progresos, sin que la ansiedad, al modo de anteojeras, nos impida ver la riqueza del paisaje. Valorar el cúmulo de experiencias, conocimientos y relaciones que, casi por añadidura, vamos adquiriendo durante nuestras búsquedas.
  9. Personalizar el proceso. Cada uno es único. Si efectivamente en tanto personas lo somos, nuestro proceso de desarrollo también lo es. No compararnos competitiva ni, mucho menos, envidiosamente con nadie, ni siquiera permitirnos tener una actitud “piadosa” para quienes según nuestra óptica están supuestamente más atrasados con respecto a nosotros. Tomar nuestro propio ritmo. Respetar nuestros tiempos.
  10. Crear nuestras propias máximas. Adaptarlas y recrearlas según los tiempos y los espacios; esto es, flexibilizarlas en función de las circunstancias. Una plataforma de ideas pensadas y repensadas periódicamente pueden servirnos de soporte orientativo y brindarnos cierta seguridad. Saber que vamos desarrollando nuestro propio modo de hacer las cosas. Recordar que las experiencias de los demás pueden ser ilustrativas pero son intransferibles. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Animarse pues, a probar. No se trata de tirarnos de cabeza a una pileta vacía, ni hacerlo sin salvavidas si no sabemos nadar, sino de permitirnos aprender de la propia experiencia.

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